Aprovechando que muchos de vosotros pasaréis las vacaciones en el pueblo de vuestras abuelas y tías y teniendo en cuenta que ellas harían cualquier cosa que vosotros les pidiéseis, nada mejor que tenerlas entretenidas en las tardes de verano con un poquito de ganchillo y calceta. Si además tenéis el armario lleno de jerseys de ochos que no os habéis puesto nunca, lo más práctico es pedirles que os confeccionen estos prácticos calientap… que luego se nos echa encima el invierno y llegan los catarros y las gripes. La duda que nos queda es si ellas acabarán aceptando o no, pero siempre les podremos decir eso de “este sí que me lo pongo, abuela”
Ahora que estamos en verano y que el medio ambiente se ve dañado por múltiples incendios, sequía, etc… que en muchas ocasiones nos hacen sentir impotentes por no poder hacer nada, hemos pensado que la mejor manera de contribuir a la salvación de nuestro planeta es a través de la práctica del sexo ecológico o ecosex, un método placentero a la par que de enriquecimiento personal. El ecosex se compone de una serie de pautas que deberemos seguir en la medida de lo posible:
Como vemos, todo recurso es válido si se trata de ser más “verde”. ¿Te apuntas al ecosex?
Leyendo el título del post de hoy podríamos pensar que se trata perfectamente de un remedio contra el dolor menstrual como poco. Pero no es así. Echándole un vistazo a la imagen, el desconcierto puede ir en aumento porque más que otra cosa el artilugio parece un secador de pelo. Pero si os digo que se trata de un eslogan y de un primitivo aparatito llamado vibrador… vais a pensar que se me ha ido la olla completamente. Pues no. ¿Nunca os habéis preguntado cuándo y cómo nacieron esos mecanismos de colores tan llamativos y formas tan raras que hoy en día sirven para proporcionar placer y pasarlo bien, solo o acompañado? El invento viene de 1880 (aunque ya en la época egipcia utilizaran auténticos pepinos para divertirse) y pertenece a un médico que consideró el masaje de clítoris como el mejor tratamiento contra la histeria, enfermedad que como os podéis imaginar se convirtió en una plaga durante aquellos días, acudiendo miles de mujeres a la consulta para ser tratadas contra ese mal. Tantos diagnósticos llegaron a producirse que a los médicos se les empezó a cansar la mano y empezaron a inventar todo tipo de artefactos para ahorrarse ese duro trabajo. Desde los que funcionaban con corriente eléctrica a los de batería o gas, e incluso a pedales (habría que imaginarse al médico pedaleando como Alberto Contador para darle una ración de alivio histérico a su paciente). Sólo hay que ver los modelos de la foto menos mal que la cosa evolucionó pronto. En muchos catálogos el vibrador se llegó a promocionar como una forma de mantener a las mujeres relajadas y contentas. Como vemos, ese relax y bienestar no se conseguía como pensaban muchos con la escoba o la fregona, aunque lo cierto es que tuvo tanta aceptación en el sector femenino que algunos se llegaron a comercializar con una batería que los convertía automáticamente en batidoras. Pero desafortunadamente, este invento era visto única y exclusivamente como una práctica médica y poco a poco empezaron a aparecer los tabúes que actualmente todos conocemos. Lo cierto es que la historia del vibrador, cuanto menos, resulta verdaderamente curiosa y divertida y vosotr@s ¿qué otro uso le daríais al vibrador?