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Azotes en el culo

Azotes en el culo: morbo, juego y placer en pareja

Hay un sonido muy concreto que sube las pulsaciones de mucha gente: la palmada seca contra una nalga. No es violencia. No es agresión. Es juego. Y es uno de los recursos más antiguos y eficaces del erotismo de pareja.

¿Morbo, sumisión, masoquismo light, placer puro? Un poco de todo. Vamos a ver por qué los azotes funcionan tan bien y cómo se introducen sin convertir el dormitorio en un combate de boxeo.

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Por qué excita tanto

Lo curioso de los azotes es que excitan al que los da y al que los recibe. Y suele excitar también al que los mira.

Para quien los recibe, es una mezcla potente: un punto de dolor que se transforma en calor, sangre que sube a la zona, sensación de entrega, perder un poquito el control. Saber que el otro tiene en sus manos —literalmente— el poder de hacerte algo así, y que tú no vas a hacer nada por evitarlo, dispara una mezcla química que no se parece a ningún otro juego.

Para quien los da, hay otra capa: posesión, deseo, ese pequeño chispazo de "es mía/mío en este momento" que el sexo más vainilla no siempre alcanza. No tiene que ver con dominar a una persona en serio: tiene que ver con interpretar un papel breve, intenso y consensuado.

El truco está en el guion

A las parejas que les funciona suelen montarse un mini-relato. Aquí es donde entra la imaginación, y la imaginación es el motor de cualquier sexo que merezca la pena.

• "Te has portado mal y mereces un castigo."

• Ella, colegiala; él, profesor.

• Ella, secretaria; él, jefazo (o al revés, que cada vez funciona más).

• Cambio de roles: él se viste de chica, ella de chico, y se quedan a ver qué pasa.

No estás obligado a montarte una superproducción. Basta con una frase susurrada al oído, una postura concreta —encima de las rodillas, doblada sobre la cama, contra la pared— y ya tienes escenario. El sexo divertido es sexo imaginativo, y los azotes son una de las maneras más fáciles de meter teatro en la cama sin disfraces caros.

Cómo empezar sin pasarse

Si nunca lo habéis probado, no empieces con un trallazo de campeonato. La regla es: menos es más.

1. Avisa o pregunta antes. Una mirada, una frase. "¿Te apetece que…?" mata cero ambiente y aclara mucho.

2. Empieza suave. Palmadas ligeras, casi caricias con sonido, para tantear cómo reacciona el cuerpo.

3. Sube intensidad poco a poco. Si gime, si se arquea, si se mueve hacia ti: vas bien, sube. Si se tensa o se queja en serio, baja.

4. Alterna castigo y placer. Una palmada, una caricia. Una palmada, un beso. Una palmada, mano en el coño o en la polla. Esa alternancia es lo que convierte el dolor en electricidad.

5. Solo en zonas seguras. Las nalgas son la zona reina. Evita riñones, columna y la parte baja del coxis. Y nada de heridas, marcas duras o cualidades de moratón. No es ese el plan.

La palabra de seguridad: la tienes que tener

En cuanto el juego sube de tono, conviene acordar una palabra de seguridad. Algo que no diríais en mitad del polvo. "Semáforo", "rojo", "naranja"… lo que sea. Si se dice, se para. Sin discusión, sin dramas.

Esto no le quita morbo: se lo añade. Saber que tienes un freno fácil es lo que permite acelerar tranquilo.

Sumisión, liberación, igualdad

Para mucha gente los azotes son una manera de jugar a sentirse sumisa o sumiso un rato. Para otros, justo lo contrario: una manera de soltar tensión, dejar de mandar (o de obedecer) en su vida diaria, invertir el rol.

Y es ahí donde está la gracia. El sexo en pareja, cuando se vuelve repetitivo, mata. Probar cosas —entre las que están los azotes— es una de las maneras más sanas y baratas de mantener vivo el deseo.

"Dame duro, papi": la frase que confiesa el morbo

Quien dice esa frase con conocimiento de causa sabe de lo que hablamos. Quien no la ha dicho nunca, igual está a tiempo de probarla. Y no como cliché de película, sino como permiso a una misma o a uno mismo de jugar fuerte.

Hay que probar todo en el sexo. Si no lo pruebas, no puedes decir que no te gusta. Igual hoy descubres que esa palmada sonora era exactamente lo que faltaba.

El Templo del Placer: del blog a vivirlo

Hablar de azotes y de juego erótico siempre se queda corto comparado con verlo. El Templo del Placer es nuestro show de cena con espectáculo erótico-sensual en Madrid, una velada donde el morbo, el humor y la elegancia se dan la mano.

Si te van los planes con una pizca de picardía y una buena dosis de risas, este es el tuyo: ideal para parejas que quieren chispa, despedidas de soltero o de soltera con grupo divertido, o cualquier ocasión que merezca algo más que la típica cena de siempre.

Reserva en www.eltemplodelplacer.com y descubre cómo se monta una noche que recordaréis con sonrisita.

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