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Las gordas follan mejor

Las gordas follan mejor: la teoría que más enfada y más acierta

Lo primero de todo decir que esto no es un post de opinión, es un post redactado a partir de estadísticas que relacionan directamente la belleza física de la mujer con sus comportamientos en el marco social y laboral.

El titular pica, lo sabemos. Pero detrás del clickbait hay una observación que mucha gente ha hecho en privado y poca se atreve a decir en alto: la belleza física y la calidad como amante no van de la mano. A veces, casi van por caminos opuestos.

No es un post de opinión barata. No es "como es el último polvo que echa, lo da todo", chiste tristón de bar. Es un argumento más interesante: tiene que ver con la psicología de quien se ha construido a base de cuidarse por dentro frente a quien lleva toda la vida cuidándose por fuera.

Evidentemente no es una regla general y evidentemente hay excepciones. Y evidentemente hay mujeres bellísimas que son impresionantes amantes, pero son las menos.

No es un artículo que vamos a basar en los típicos tópicos callejeros que todos estamos cansados de escuchar cuando se habla de una chica gordita o poco agraciada: “como a lo mejor es el último polvo que echa; lo da todo” o “como no se ha visto en otra, se vacía al máximo”, generalmente acompañado de risas al final de la frase.

Este estudio va mucho más allá. Está basado en los métodos que utilizan las grandes firmas de reclutamiento y selección de personal.

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Lo que dicen los grandes reclutadores

Hay una pista curiosa que viene del mundo del trabajo. Las grandes consultoras de selección de personal cualificado tienen una norma no escrita: a igualdad de currículum, se descarta primero a la candidata más espectacular.

Lo niegan en público —sería discriminación— pero lo aplican en privado. La razón que dan los responsables de selección no es estética, es funcional: "Las personas con un físico llamativo están acostumbradas a luchar menos por conseguir lo que quieren. Suelen ser menos resolutivas, menos persistentes, menos hambrientas." Esto, hay que aclararlo, es una generalización con todas las excepciones del mundo. Pero la usan.

Y si se aplica al trabajo, no es descabellado pensar que se aplica también al sexo.

La teoría: belleza y complacencia

A las personas guapas, desde adolescentes, la sociedad las refuerza por algo que no han elegido. Reciben atención sin esforzarse, parejas sin esforzarse, oportunidades sin esforzarse. Esto, paradójicamente, las puede convertir en personas menos generosas en lo íntimo.

¿Por qué? Porque crecen con la sensación —reforzada constantemente por el entorno— de que estar en la cama con ellas ya es el premio. No tienen por qué moverse mucho. La otra persona ya está agradecida solo por estar ahí. Eso, multiplicado por años, da amantes acomodadas.

Hay otra capa: las mujeres consideradas más bellas suelen tener, en estadísticas medibles, más complejos físicos. Suena absurdo y es real. Son las que más recurren a cirugía estética, a retoques, a comparaciones. Nunca se ven lo suficiente. Esa inseguridad subterránea las inhibe en la cama: tienen miedo a soltarse del todo, a hacer ruido, a ponerse en posturas poco favorecedoras, a perder el control

La teoría inversa: las que no han ganado en la rifa

Las mujeres que no entran en el patrón de "espectacular" llevan otra vida. Han tenido que construirse por dentro. Han trabajado más sus conversaciones, su humor, su empatía, su deseo, su sabiduría sexual. Cuando una mujer se sabe deseada por lo que es, no por su envoltorio, folla con otra libertad.

No tiene que demostrar nada. No está pendiente de cómo le queda la barriga en esa postura. No mide cuánto tarda en correrse. No le importa que se le corra el rímel. Y sobre todo: no espera que la cojas como un trofeo, sino que disfruta el sexo como una buena conversación entre dos cuerpos.

Por eso muchos hombres —y mujeres— que han pasado por las dos experiencias confiesan que los mejores polvos de su vida no fueron con quien levantaba miradas en la calle, sino con quien les hizo reír toda la noche y les hizo ver las estrellas justo después.

El ego no folla bien

Si hay una variable que predice mal sexo, no es el peso ni la edad ni la cara: es el ego. Cuando alguien entra en la cama con la idea de que es "el regalo", el sexo siempre es mediocre. Falta entrega. Falta humor. Falta esa pizca de "vamos a perder los dos un poco la cabeza" que es el alma de un buen polvo.

Esto vale para mujeres y vale para hombres. El tío guapo y vanidoso es exactamente igual de mal amante que la chica guapa y vanidosa. La belleza física no causa el problema; lo que lo causa es construir la identidad sobre ella.

Entonces, ¿qué buscar en un amante?

• Curiosidad. Que pregunte, que pruebe, que aprenda.

• Sentido del humor. El sexo bueno tiene risa. El sexo solemne casi siempre falla.

• Generosidad. Que disfrute haciéndote disfrutar, no solo recibiendo.

• Confianza en su cuerpo. No requiere ser modelo: requiere estar a gusto con lo que tiene.

• Escucha. Que note cómo respiras, cómo te mueves, qué te pide tu cuerpo sin necesidad de decirlo.

Estas variables no se reparten por físico. Se reparten por carácter. Y casi nunca aterrizan en quien lleva toda la vida ganando con el envoltorio.

La conclusión incómoda

La próxima vez que te encuentres con una mujer que no responde al patrón de portada de revista pero te coge la cara entre las manos y te mira como si te conociera el alma, presta atención. La probabilidad de que esa noche te acuerdes durante años es bastante alta.

Y si eres mujer, quizá la lección está al revés: cuanto menos ego pongas en la cama, más placer vas a sacar tú. La inseguridad bonita la rompemos abriéndonos. La belleza arrogante se cura recordando que lo que de verdad excita es la intención, no el envoltorio.

Las chicas más guapas suelen tener en su personalidad, de manera más acentuada, rasgos como la soberbia, la vanidad, la altivez, la presuntuosidad, la arrogancia… Construyendo una manera de ser endiosada y orgullosa.

Todos estos factores hacen además, aunque pueda parecen contradictorio, que se conviertan, en muchas ocasiones, en personas inseguras, indecisas e inestables, emocionalmente hablando.

Además de llevar a sus espaldas muchísimos más complejos físicos, ¿parece una locura verdad? Pues es pura matemática, con lo cual es exacto, que el mayor número de intervenciones de cirugía plástica se da en mujeres consideradas atractivas. Nunca se ven lo suficientemente guapas.

¿Y en qué las convierte todo esto?

En amantes verdaderamente mediocres. En mujeres que pueden llegar a pensar que el acostarse con ellas ya es un triunfo para el hombre. Esa vanidad y esa soberbia las limita mucho a la hora de entregarse. Y esa inseguridad las impide practicar el sexo con libertad y naturalidad. Suelen tener temor a dejarse llevar, a fantasear, a innovar y a probar nuevas experiencias y a disfrutar del sexo en su máxima expresión.

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