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¿Por qué nos empeñamos en las relaciones tóxicas?

A menudo hablo con amigos (chicos y chicas) que están sumergidos en relaciones que no les aportan nada bueno. Me atrevería a decir que todo lo contrario. Relaciones que hacen que se les vea más tristes, más inseguros, más apagados… en definitiva, más infelices. Y mi inteligencia, tal vez limitada, no es capaz de llegar a entenderlo.

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La pregunta que les hago a mis amigos es siempre la misma: ¿Por qué continúas con esa relación?

Las respuestas que obtengo son de todos los tipos:

Desde un “no sé”, es la que yo llamo la respuesta de la vergüenza. Está claro que no quieren hablar del tema; imagino que puede resultar embarazoso. Hasta un “porque le quiero”; esta es mi “favorita” no puedo comprender cómo se puede querer a alguien que no te hace feliz. Que te falta al respeto. Que te grita. Que te hace desprecios. Que no te trata bien. Que no te trata con cariño. Que te hace llorar. Que te destroza la autoestima. Que te anula la personalidad. Habrá que acudir a esa gilipollez de “el amor es ciego”. Yo prefiero quedarme con que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.

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Y mi reflexión es la siguiente: No os dais cuenta que hay miles de millones de personas en el mundo que nos pueden hacer felices. Que nos van a dar lo que nos merecemos. Y que lo van a hacer encantadísimos. ¿Por qué obcecarse con esa persona? ¿Por qué privarnos de nuestro derecho a ser felices? ¿Por qué conformarnos? ¿Por qué resignarnos? ¿Por qué aguantar malas contestaciones, malas palabras, infidelidades…?

En la vida hay que ser valiente hasta para ser feliz.

Hay que saber reconocer cuando una relación no funciona y saber decir “¡basta!”.

Una relación buena es la que nos llena en todos los sentidos. Es la que nos hace convertirnos en mejores personas. Es la que nos suma; es la que no nos resta. En resumen, es la que nos hace más felices; pero todo el tiempo, no a ratitos.

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