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Comidas de culo

Comidas de culo: el placer del que casi nadie habla

"Solo la vergüenza es peor que el hambre", dijo alguien con bastante sentido común. Y aplicado al sexo, la frase es oro puro: si soltáramos un poco de pudor, la vida nos sabría mejor en muchos sentidos.

Hoy vamos a hablar de uno de esos territorios que casi nadie nombra en voz alta pero que, cuando se prueba bien hecho, se queda en el repertorio para siempre: el anilingus, también conocido como comer el culo. Sin eufemismos, sin susto y sin moralina.

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Por qué tanta gente se lo pierde

El anilingus es bastante menos común que las mamadas, los cunnilingus o la penetración. ¿La razón? La asociación mental con lo escatológico. La cabeza nos puede más que el cuerpo: pensamos "asco" antes de pensar "placer".

Pero quien lo dice, casi siempre, no lo ha probado. Ni dándolo ni recibiéndolo. Y resulta que la zona anal está repleta de terminaciones nerviosas: es uno de los mapas de placer más infrautilizados del cuerpo humano. Tanto en hombres como en mujeres. Da igual la orientación. Funciona.

Higiene primero: lo dejamos claro

Antes de la técnica, lo práctico. Una ducha previa con jabón y agua resuelve el 99% de las dudas. Si quieres ir más allá, una limpieza interna ligera (sin abusar) deja a cualquiera tranquilo. Cuando hay confianza y limpieza, la cabeza deja de molestar y el cuerpo empieza a disfrutar.

Y un consejo de adulto: si vas a alternar zonas (de culo a coño, por ejemplo), no se vuelve atrás sin lavarse. La regla básica de cualquier amante decente.

Cómo se come un culo bien

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La clave no está en la zona, está en cómo te acercas a ella. Comer el culo bien es lento, paciente y juguetón. Nada de aterrizajes bruscos.

Empieza lejos. El perineo (esa franja entre el ano y los genitales) es zona dorada. Lámelo, bésalo, sopla suave. Sigue por las nalgas, los muslos, la cara interna. Que la persona note que vas hacia allí y que disfrutas yendo.

Acércate poco a poco. Cuando ya estás cerca del ano, sigue haciéndote esperar. Lengüetazos amplios alrededor, sin atacar todavía el centro. Eso construye expectativa, y la expectativa es media batalla.

Ahora sí. Cuando empieces a tocar el ano con la lengua, varía:

• Lengua plana, lamidas largas y húmedas.

• Punta de la lengua haciendo círculos pequeños.

• Cambios de ritmo: lento, rápido, parar, volver.

• Micropenetraciones suaves cuando la zona ya está relajada.

• Combinarlo con la mano: caricias en el coño, en la polla, en los testículos, según el caso.

El cuerpo del otro te va a ir diciendo qué funciona. Si se contrae, suaviza. Si se relaja y empuja contra ti, vas bien. Si gime sin pudor, ya lo tienes.

La regla de oro: relajación

Una buena comida de culo solo funciona si la persona que la recibe está relajada. Si está pendiente de la limpieza, de la vergüenza, de la postura o de mil cosas más, no va a disfrutar. Tu trabajo, antes incluso de empezar, es crear ese clima.

Velas, ducha juntos, masaje previo, una copa, ropa interior bonita, conversación sucia. Todo lo que ayude a soltar la cabeza. Cuando la cabeza se va, el cuerpo se queda, y ahí es cuando empieza la magia.

Lo que pasa cuando se hace bien

Quien recibe un anilingus bien dado se acuerda. Punto. Es una sensación distinta a todo lo demás: intensa, cálida, electrizante. Hay temblores, hay risas nerviosas, hay esa contradicción de "no aguanto más pero no pares" que solo aparece cuando el placer roza el límite.

Y para quien lo da, también tiene su recompensa: ver al otro perder el control, sentir cómo se entrega, tener ese poder. No es un favor que se hace, es un placer que se disfruta de ida y vuelta.

Para terminar: el sexo no se censura

Comer el culo no te hace más cochino. Te hace más generoso, más curioso y, probablemente, mejor amante. La gente que sabe disfrutar del sexo en toda su variedad es la que mejor folla, no porque sepa más posturas, sino porque tiene menos prejuicios.

Comed el culo y dejad que os lo coman. Vuestra vida sexual lo agradecerá. Y vuestra pareja también.

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