Cómo has bautizado a tu pene
Bautizar el pene: por qué casi todos lo hacen y cómo elegir el nombre
Reconócelo. O lo has hecho tú, o se lo has hecho a alguien. Bautizar al pene no es cosa de cuatro graciosos: las encuestas más conocidas hablan de que en torno al 86% de los hombres tiene un apodo para sus partes. Y ellas suelen ser cómplices del invento.
¿Es ridículo? Un poco. ¿Es divertido? Un mucho. ¿Sirve para algo? Más de lo que parece. Vamos a verlo sin solemnidades.

Por qué se bautiza al pene
Hay varias razones que se mezclan, según el momento y la pareja:
• Humor y desinhibición. Llamar a tu pene "Comandante" en pleno juego previo rompe tensión, hace reír y baja la guardia.
• Distancia psicológica. A veces es más fácil hablar de "él" que de "yo". Pone los miedos a debatir con el apodo, no contigo.
• Personalidad propia. El pene parece tener voluntad propia. El apodo le da el papel que se merece.
• Complicidad de pareja. Tener un nombre privado es un pequeño secreto que solo entendéis vosotros. Y los secretos compartidos unen.
• Educación sexual sin tabúes. Muchas familias usan apodos infantiles para hablar del cuerpo. Quitar el solemne "pene" del lenguaje cotidiano normaliza la conversación.
Los nombres más típicos (y por qué se repiten)
Hay clásicos universales y motivos para que lo sean:
• "Superman", "El Capitán", "El Comandante": apelan al deseo de potencia y mando.
• "Tiburón", "El Bicho", "La Bestia": tono salvaje y de tamaño.
• "Cosita", "Pequeñín", "Trasto": diminutivos cariñosos. Funcionan mucho en pareja consolidada.
• "Mojito", "Churro", "Pepino": humor puro, comparación gastronómica.
• Nombres propios (Fernando, Paco, Lucas): la opción "mascota". Más usada de lo que se piensa.
• Apodos por aspecto: pelirrojo, torcido, recto, alegre. Honestos y con guasa.
Cada nombre dice algo del dueño. Quien elige "El Conquistador" no es quien elige "Pepito".
Cómo bautizar al tuyo (o al de tu pareja) con gracia
Que el nombre quede bien depende de tres ingredientes:
1. Cariño. Si el apodo humilla, no es bautizo, es mala leche. Fuera.
2. Humor. Cuanto más pomposo y serio, más gracia hace.
3. Pertinencia. Algo que tenga que ver con el dueño, su personalidad o un chiste interno.
Ideas para inspirarte
Por temática: - Heroico: El Centurión, Aquiles, Drácula, Hércules. - Animal: Anaconda, Mostachón, Zorrito, Cíclope. - Gastronómico: Bizcochito, Croissant, Cucurucho. - Histórico: El Conde, Su Excelencia, El Káiser. - Cultural: Tu personaje favorito de cine, cómic o serie. - Profesional: El Notario, El Inspector, El Director.
Y un consejo: pruébalo en alto antes de adoptarlo. Si te cuesta decirlo sin reírte, has acertado o has fracasado, según el día.
Lo que conviene evitar
• Comparaciones con el ex. Asesinato sentimental.
• Nombres del padre, hermano o jefe de la pareja. Inquietante.
• Apodos que mencionan tamaño en negativo si no hay confianza absoluta.
• Marcas registradas si vas a hacer camisetas. Que ya ha pasado.
Cómo introducirlo en pareja sin que sea raro
Llegar y soltar "te presento a Aníbal" puede no funcionar a la primera. Es mejor que el nombre aparezca en la cama, casi por accidente, en clave de juego. Si la pareja lo recoge y se lo apropia, ha nacido el bautizo. Si no lo coge, prueba otro día con otro nombre. No insistas.
Cuando un apodo cuaja, se queda. Y las parejas que lo usan suelen reírse más en la cama. Y reírse en la cama está infravalorado.
Qué llevarse de todo esto
Bautizar el pene es una tontería con fondo. Quita solemnidad, abre conversación, marca complicidad. No es obligatorio, no es serio, y precisamente por eso funciona. Si todavía no lo has hecho, pregúntale a tu pareja qué nombre le pondría. La respuesta puede empezar la mejor noche del mes.
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