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Frases para ligar

Frases para ligar: clásicas, divertidas y que funcionan

Llega el viernes. Te has duchado dos veces, llevas la camisa que sí te queda bien, y entras al bar con una sonrisa y exactamente cero ideas de qué decir. Ahí es donde entran las frases para ligar.

Que conste: ninguna frase mágica liga sola. Lo que liga es lo que la rodea: cómo lo dices, la mirada, el tempo, el descaro justo. Pero una buena frase rompe el hielo y, sobre todo, te quita la presión de pensar en qué decir cuando te pones delante de alguien que te gusta.

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La verdad sobre las frases para ligar

Antes de soltar la lista, una verdad incómoda: las frases para ligar no funcionan como en las películas. Nadie cae fulminado por un piropo. Lo que sí hacen, y muy bien, es señalar que vienes con humor, con seguridad, sin tomarte demasiado en serio.

Las que funcionan tienen tres ingredientes: gracia, autoironía y ningún ataque al otro. Las que fallan miserablemente son las que parecen guion de cuñado. Si tú no te ríes mientras la dices, mejor cállate.

Y un detalle: el lenguaje no verbal pesa el 80%. Sonrisa de medio lado, mirada que sostiene, hombros relajados. Sin eso, ni la frase de Shakespeare cuela.

Las clásicas que aún funcionan

Estas son tópicas, todo el mundo las conoce y, dichas con la actitud correcta, siguen sacando una sonrisa. Que es lo único que pretendes.

• "Hola, soy nuevo por aquí. ¿Me puedes decir dónde queda tu casa?"

• "Perdí mi número de teléfono. ¿Me das el tuyo?"

• "El médico me prohibió levantar cosas pesadas. ¿Me ayudas a hacer pis?"

• "Estoy buscando diosas para una nueva religión y acabo de elegirte."

• "Mañana me meto en un convento. ¿Me ayudas a aprovechar la última noche?"

Funcionan porque son tan exageradas que no se las cree nadie. La risa la genera la complicidad: los dos sabéis que es una frase tonta, los dos os reís, y a partir de ahí ya hay conversación.

Las divertidas para los más atrevidos

No son para todos los públicos ni para todos los locales. Si te lanzas con estas, asume que la persona puede contestarte con otra igual de descarada. O mandarte a freír espárragos. Las dos son resultados válidos.

• "¿Te despierto con un beso o con una llamada?"

• "Si quieres, podría sacarte de mi sucia lista de fantasías."

• "¿Compartimos taxi? Es que vamos al mismo sitio."

• "Hola, mi nombre es [tu nombre]. Y seguramente te suene esta noche."

Regla de oro: si la otra persona se pone seria o incómoda, paras de inmediato y cambias de tema. Ligar es un baile, no una insistencia.

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Las que NO debes usar nunca

Para que quede claro porque luego pasa. Frases que critican el físico de alguien, que invaden, que presionan o que se ríen del otro en lugar de contigo: fuera. Hablamos de hacer reír, no de hacer sentir mal a nadie. Y la frase de "tengo más dinero del que podrías gastar" déjala en una serie ochentera de Wall Street.

Cómo soltar la frase sin morir

• Mira a los ojos. Tres segundos, una sonrisa, lanzas.

• Tono ligero. Si lo dices serio, parece amenaza. Si lo dices tan exagerado que parece de teatro, parece broma. Eso queremos.

• Después escucha. Las frases abren la puerta; cerrarla o cruzarla depende de la conversación que viene detrás.

• Si la otra persona se ríe pero no te sigue el tema, no te empeñes. Se intenta una vez, máximo dos.

Lo que de verdad liga

Frases divertidas, sí. Pero lo que de verdad construye química es lo que pasa después: si escuchas, si haces preguntas, si recuerdas lo que la otra persona te ha dicho hace cinco minutos, si dejas espacio para que también te ligue. Una frase abre; la conversación liga.

Y si no se te ocurre ninguna, también vale el clásico imbatible: "Hola, ¿qué tal? ¿Cómo te llamas?". Dicho sin nervios, mirando a los ojos, sale más rentable que cualquier ocurrencia.

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