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Sexo con mi primo

Sexo con mi primo: por qué excitan las fantasías prohibidas

Una seguidora nos manda un relato titulado "Sexo con mi primo". Lo leemos y, más allá del relato concreto, viene a la cabeza una pregunta que la mayoría de la gente lleva dentro y nunca verbaliza: ¿por qué nos excitan las fantasías que sabemos que jamás llevaríamos a la práctica?

Aviso: este artículo no va de glorificar nada ni de animar a nadie a hacer nada. Va de entender cómo funciona la mente erótica humana, que es complicada, contradictoria y mucho más sana de lo que la moralina nos quiere hacer creer.

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La fantasía no es un plan

Lo primero, y lo más importante: una fantasía erótica no es una declaración de intenciones. Es un cortometraje que tu cerebro proyecta para excitarte, no una hoja de ruta.

La psicología sexual lleva décadas estudiándolo. Estudios clásicos como los de Justin Lehmiller (autor de *Tell Me What You Want*) muestran que prácticamente todo el mundo tiene fantasías que considera "inconfesables" y que la inmensa mayoría jamás quiere ver materializadas. Coches del miedo en la cabeza, no excursiones reales.

Las llamadas fantasías de lo prohibido (escenarios con desconocidos, con figuras de autoridad, en lugares públicos, con personas del entorno cercano, con asimetrías de poder) son de las más comunes del repertorio humano. Lo que las hace funcionar es exactamente eso: que se sienten prohibidas. Quítales el "no deberías" y dejan de excitar.

Por qué lo prohibido excita

Hay tres motivos psicológicos que explican el tirón de las fantasías tipo "no debería":

• Tensión por contraste. Lo prohibido pone tensión emocional, y la tensión es combustible erótico. Lo aprendido y lo deseado chocan, y de ese choque sale chispa.

• Liberación de la culpa diaria. En la fantasía no rige el reloj, ni la ética cotidiana, ni las consecuencias. Es un espacio sin factura. Por eso desaparecen censuras que en la vida real son no negociables.

• Carga simbólica de los personajes. El profesor, el desconocido del bar, el familiar lejano, el jefe… No son personas de carne en la fantasía: son símbolos. Representan poder, cercanía, tabú, autoridad. La mente erótica ama los símbolos.

Que tu cabeza monte un escenario provocador no significa que tú quieras vivirlo. Significa que tu cabeza funciona.

Lo que sí toca aclarar

Como el artículo nace de un relato bastante explícito de una seguidora, conviene dejar claras algunas cosas para que esto sea un texto adulto y honesto:

• Fantasía y realidad son territorios distintos. Lo que excita en privado puede ser exactamente lo que no quieres llevar al mundo real. Está perfectamente bien.

• El consentimiento manda siempre en la realidad. Cualquier escenario erótico real, incluso los más jugados, exige consentimiento explícito de adultos.

• Si una fantasía te genera angustia o culpa que te cuesta gestionar, hablar con un sexólogo no es exagerado. Para eso están. Y normalizan mucho más de lo que crees.

• No todo lo fantaseado tiene que contarse. Tienes derecho a tener un mundo interno propio. Compartir fantasías con una pareja es bonito cuando se hace bien, pero nunca es obligatorio.

Cuándo conviene contar una fantasía a tu pareja

Compartirlas puede ser un detonante brutal de complicidad… o un terreno minado, depende de cómo se haga. Algunas pautas:

• Mide el momento. No saques un tema fuerte en mitad de una discusión. Mejor en una noche tranquila, en la cama, sin prisa.

• Etiqueta lo que es. Aclara que estás compartiendo una fantasía, no una petición. Las dos cosas son distintas.

• Pregunta antes de contar. "¿Te apetece que jueguemos a contarnos fantasías?". Que el otro pueda decir hoy no.

• Recibe sin juzgar. Si tu pareja comparte algo contigo, no la conviertas en sospechosa de nada. Te está dando confianza.

Cómo jugar con una fantasía sin cumplirla

Hay una zona intermedia muy interesante entre tener la fantasía y vivirla literalmente. Se llama role-play: representar el escenario por etapas, con disfraces, con guion suave, manteniendo el control del marco. Te permite jugar con esa carga simbólica sin cruzar líneas reales.

Por ejemplo, jugar al "nos acabamos de conocer en un bar y no sabemos nada el uno del otro", quedando con tu propia pareja en un sitio público y haciendo todo el juego como si fuerais desconocidos. Mismo cerebro, misma chispa, sin ningún problema real.

Los relatos eróticos como espacio seguro

Los relatos que la gente envía a blogs como este (y que a veces publicamos) cumplen una función exacta: son escapadas mentales sin consecuencias. Espacios donde se proyecta lo que excita, se le pone palabras y, al ponerle palabras, se domestica.

Es la diferencia entre tener un cajón cerrado en la cabeza y tener una estantería de libros eróticos: el segundo está mucho más sano.

El Templo del Placer: del blog a vivirlo

Si todo este territorio de fantasía y picardía te interesa pero quieres algo real, divertido y con clase, en El Templo del Placer hacemos exactamente lo que el nombre promete: cena más espectáculo erótico-sensual en Madrid. Burlesque, humor adulto, sensualidad servida con estilo. Una velada en la que el juego, el guiño y el deseo están en el aire, pero todo en su sitio.

Es un plan perfecto para parejas que quieren reavivar la chispa, despedidas que buscan algo más fino que el típico bar y grupos que ya están aburridos del karaoke. Llegas, te sientas, cenas bien, te ríes mucho y sales con una historia que sí te apetece contar.

Reserva tu noche en www.eltemplodelplacer.com. Las fantasías déjalas en casa; las que vienen contigo al show son otras, y son las buenas.

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